Play Live Radio
Next Up:
0:00
0:00
0:00 0:00
Available On Air Stations

La intensidad es el núcleo del proceso de The Other Side Academy. No es para todos

Anna Hare-Diggs poses for a photo, June 7, 2026. Hare-Diggs was a student at The Other Side Academy in 2024 and was shocked by the aggressive group therapy sessions.
Eric S. Peterson
/
The Utah Investigative Journalism Project
Anna Hare-Diggs posa para una fotografía el 7 de junio de 2026. Hare-Diggs estudió en The Other Side Academy en 2024 y se mostró sorprendida por la intensidad y el carácter agresivo de las sesiones de terapia grupal.

You can find an English-language version of the story here.

La siguiente historia fue reportada por The Utah Investigative Journalism Project en colaboración con KUER.

Michael Christian había luchado contra la adicción durante la mayor parte de una década cuando se enteró de The Other Side Academy en TikTok. Los pocos programas de tratamiento a los que asistió durante ese tiempo no habían dado resultado.

“No sabía qué hacer ni cómo, ya sabes, superar esta parte de la adicción, y por eso di ese salto de fe, con la esperanza de que este fuera el programa que me ayudara”, dijo Christian sobre la academia. “Ellos promocionan todas estas cosas buenas al respecto”.

El programa de rehabilitación, con sede en Salt Lake City, estaba muy lejos de la casa de Christian en Iowa, pero tras entrevistarse con el personal por teléfono, dijo que el programa pagó su vuelo al Estado de la Colmena.

La academia es un programa residencial y de transición de 2.5 años que ofrece la oportunidad de aprender las habilidades y hábitos para reincorporarse a la sociedad. Muchos de sus estudiantes tienen problemas crónicos con el abuso de sustancias, la falta de vivienda y el encarcelamiento.

Christian pasó allí unos tres meses antes de que su esperanza de que el programa cambiara su vida se desvaneciera. Su estancia, dijo, terminó con una carrera desesperada hacia el hospital más cercano y una posterior internación en un centro de tratamiento de salud mental.

“Algunas personas dirán que este programa funciona, ¿verdad? Y a algunas personas allí les gusta”, dijo Christian. “Pero desearía que la gente investigara y realmente lo viera por lo que es y escuchara las experiencias de las personas”.

“No le desearía esto ni a mi peor enemigo”, agregó.

The Other Side Academy ha sido presentada como una solución modelo para las poblaciones sin hogar y con adicciones en Utah, con líderes estatales que respaldan la visión de los directivos de la academia de un campus ampliado para personas sin hogar con 1,300 camas. Sin embargo, dos exclientes y media docena de proveedores de servicios expresaron preocupaciones de que el programa está haciendo más daño que bien a algunas personas que cruzan las puertas de la academia.

Mientras tanto, la dirección de la academia señala sus historias de éxito. Como la de Pedro Escobar, quien ingresó después de su tercera violación de libertad condicional y, como exmiembro de pandillas, tiene un historial delictivo que describió como “tan lleno de violencia que te enfermaría”.

“Hay luz aquí, ¿verdad? Hay esperanza. Hay muchísimos de nosotros que elegimos quedarnos y que obtenemos lo que vinimos a buscar, ¿verdad? Que es cambio”, dijo Escobar, estudiante actual que se ha comprometido a un cuarto año en la academia. “Antes llevaba a las personas a celdas de prisión, y ahora las guío lejos de la prisión, ¿verdad?, hacia una vida mejor”.

The Utah Investigative Journalism Project intentó entrevistar a empleados en una de las tiendas de segunda mano de la academia y en The Other Side Donuts, que es operada por la organización hermana de la academia, The Other Side Village.

El director ejecutivo (CEO) David Durocher fue alertado y se comunicó con el proyecto, cuestionando su ética y criticando el intento de buscar entrevistas sin permiso de la academia. Dijo que hacer preguntas a los empleados podría haber provocado que volvieran a consumir drogas y, si eso ocurría, “tendrían sangre en sus manos”. Luego, The Other Side Academy accedió a una entrevista con los reporteros del proyecto y les permitió hablar con un grupo seleccionado de estudiantes avanzados.

The Other Side Academy office at 667 E. 100 South, Salt Lake City, taken June 7, 2026.
Eric S. Peterson
/
The Utah Investigative Journalism Project
La oficina de The Other Side Academy en 667 E. 100 South, Salt Lake City, tomada el 7 de junio de 2026.

¿Un modelo “obsoleto”?

The Other Side Academy deja claro que no es un centro médico. En cambio, el programa gratuito utiliza un modelo clásico de comunidad terapéutica en el que los propios compañeros en recuperación dirigen las operaciones, con un enfoque en cambios de estilo de vida en general y la responsabilidad personal.

La academia promete transformar a estas personas en ciudadanos sobrios y productivos a medida que aprenden responsabilidad entre pares. También desarrollan habilidades para la vida trabajando dentro de varios departamentos internos, como el legal, o en negocios de cara al público, específicamente dos tiendas de segunda mano, una empresa de mudanzas y un negocio de jardinería. Ese trabajo, además, paga su permanencia en el programa.

Es un programa que valora la honestidad, la responsabilidad, el trabajo duro y la autosuficiencia, a menudo a un nivel intenso. La dirección reconoce que el programa no es para todos. De hecho, aproximadamente la mitad de los estudiantes abandona dentro del primer mes, dijo Joseph Grenny, presidente de la junta directiva y cofundador de la academia.

Pero para quienes han pasado por el programa, es algo personal.

“Soy muy defensor del modelo y estoy totalmente dispuesto a defenderlo porque funciona”, dijo Kevin Jepson, estudiante de tercer año. “Tengo a 100, 150 personas a mi alrededor que están dispuestas a hacerme responsable en cualquier momento, todo el tiempo. De eso se trata nuestro movimiento. Se trata de responsabilidad, y tenemos la cura para la adicción”.

Las comunidades terapéuticas ganaron popularidad como forma de tratamiento para la adicción en las décadas de 1960 y 1970 con grupos como Synanon y Delancey Street en California. Pero The Other Side Academy difiere de muchas otras comunidades terapéuticas modernas, que ahora han incorporado personal clínico que va desde consejeros de salud mental y psiquiatras consultores hasta enfermeras y especialistas en metadona, según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas.

Synanon comenzó como una comunidad de rehabilitación, pero derivó en un movimiento tipo secta peligroso, conocido por sus intensas sesiones de terapia grupal confrontativa llamadas “el juego”. Delancey Street, un programa residencial de rehabilitación fundado en California por un exmiembro de Synanon, es citado específicamente por la academia como fuente de inspiración. El director ejecutivo de la academia, Dave Durocher, es egresado de Delancey.

La academia utiliza una sesión grupal que recuerda al “juego” de Synanon; de hecho, la propia academia usa el término “game” para describir las sesiones grupales quincenales de proceso de los estudiantes. En esas sesiones, se anima a los estudiantes a confrontarse entre sí y ser brutalmente honestos, a menudo con tensiones y voces elevándose.

Christian describió las sesiones grupales como “donde te sientas y se gritan unos a otros”.

Anna Hare-Diggs, quien estuvo en la academia alrededor de un mes, dijo por su parte que “las emociones se elevan mucho” en las sesiones. Recordó una sesión en la que, de manera contraintuitiva, decenas de personas le gritaron a una mujer por tener baja autoestima. A otra mujer le gritaron durante una hora por tener una mala actitud.

“Simplemente se vuelve muy intenso”, dijo Hare-Diggs. “Ella está allí, con la cara roja en una esquina, con una sala llena de 50 personas gritándole”.

Grenny reconoció que las sesiones a veces pueden ser “intensas” y poco pulidas, pero sostuvo que son efectivas. Dijo que, si bien el modelo es muy beneficioso para algunos y no para otros, los estudiantes no tienen la opción de excluirse de las sesiones grupales.

“Las personas tienen un interés directo en la mejora y el bienestar de los demás, y por eso son mucho más directas, mucho más honestas”, dijo Grenny.

Señaló que hay moderadores pares en la sala para “asegurarse de que siga siendo productivo” y que “las personas reciben mucho apoyo emocional”.

“Hay luz aquí, ¿verdad? Hay esperanza. Hay muchísimos de nosotros que elegimos quedarnos y que obtenemos lo que vinimos a buscar, ¿verdad? Que es cambio”.
Pedro Escobar, estudiante actual de The Other Side Academy

La Dra. Elizabeth F. Howell, profesora clínica de psiquiatría en la Universidad de Utah, tiene más de 30 años de experiencia trabajando en el campo de las adicciones. Dijo que, si bien las comunidades terapéuticas pueden tener mucho éxito, deben ir acompañadas de salvaguardas, incluyendo atención médica mental y física, terapia, alimentación saludable, apoyo y remuneración por cualquier trabajo realizado.

“El tipo antiguo de estrategia de comunidad terapéutica de Synanon era casi como si la adicción fuera nuestro enemigo, y fuéramos a sacártela a glopes”, dijo Howell, y añadió: “No creo que eso haya funcionado en absoluto. Y también es un tipo de entorno propenso al abuso y a más trauma para los pacientes”.

Evan Done es el director de defensa y política pública de Utah Support Advocates for Recovery Awareness, además de ser una persona en recuperación a largo plazo. Expresó preocupación porque los mentores pares de la academia no cuentan con credenciales del estado.

“No obtienen certificación ni licencia, y por eso mi preocupación siempre es que podrían estar causando daño a las personas sin darse cuenta”, dijo.

Lo contrastó con los especialistas en apoyo entre pares de su organización, quienes cuentan con certificación estatal después de 40 horas de capacitación y reciben alrededor de seis meses de entrenamiento práctico en USARA antes de poder brindar apoyo individual entre pares. Esa capacitación, dijo, abarca temas como límites, ética y el papel del personal clínico frente al personal de apoyo entre pares.

“Aunque estamos ahí para ayudar y compartir nuestra experiencia vivida, no estamos ahí para ser terapeutas, no estamos ahí para ser clínicos, ni somos sustitutos de ese tipo de funciones”, dijo Done.

Joseph Grenny, board chair and cofounder of The Other Side Academy
Courtesy The Other Side Academy
Joseph Grenny, presidente de la junta directiva y cofundador de The Other Side Academy

Pero Grenny llamó a sus líderes de grupos de pares “expertos por experiencia”. Dijo que “por lo general son veteranos de más de 100 sesiones de retroalimentación grupal y han recibido capacitación ‘in vivo’ mediante práctica deliberada. Asimismo, los estudiantes no obtienen estatus general de mentor antes de un año en el programa y, en ningún caso, se les permite orientar a otros hasta que el personal senior (aquellos con más de cinco años de experiencia de liderazgo) considere que están preparados”.

Otro elemento importante es un enfoque informado por el trauma, dijeron Howell y otros expertos.

“Si no trabajamos con un enfoque informado por el trauma, podemos retraumatizar a las personas y empeorar la situación”, dijo Howell. “Hay maneras de retraumatizar a las personas al hacerles preguntas de una forma que genera vergüenza, culpa y señalamiento”.

Escobar dijo que ha sido un buen entorno para él como alguien que creció en el sistema de acogida y sufrió abuso sexual y físico. Hablar de esas experiencias con otros estudiantes, dijo, cambió su vida.

Dijo que antes culpaba a su comportamiento pasado por su trauma, pero que como adulto puede tomar el control.

“Puedo elegir aferrarme a ese equipaje y cargarlo conmigo en todo lo que haga a partir de ahora, o puedo decir: ya es hora de sanar”.

Posturas divergentes sobre la salud mental

Casi de inmediato, el programa no fue lo que Christian esperaba. Dijo que el personal le indicó que no podía tomar su medicación para el trastorno bipolar durante su primera entrevista en persona.

“Me decían que no creen en la salud mental, que la salud mental no es real”, dijo Christian. “En ese punto, ya estoy en Salt Lake City, Utah. Tengo que hacer lo que sea para no terminar en la calle”.

Así que Christian dijo que dio un segundo “salto de fe”, dejó de tomar su medicación y se unió al programa. Su experiencia coincide con relatos de estudiantes actuales y exestudiantes sobre los medicamentos para la salud mental.

Anna Hare-Diggs, quien estuvo en la academia alrededor de un mes, dijo que durante una entrevista de admisión le dijeron que no podía tomar antidepresivos y asistir al programa.

“Estaba desesperada, realmente necesitaba salir de la situación en la que estaba”, dijo. “Fui con mi médico y le dije: ‘solo necesito que diga que ya no tomo ninguno de estos medicamentos’”.

Grenny subrayó que la academia no está en contra del tratamiento de salud mental y que quienes dependen de medicación son derivados al programa hermano de la academia, The Other Side Village, u otros programas de tratamiento equipados.

Confirmó que la dependencia de medicación y los diagnósticos de salud mental se reportan por los propios solicitantes durante una entrevista inicial de evaluación.

“Animamos a las personas a seguir las indicaciones de los médicos y a beneficiarse de cualquier cosa que se les recomiende”, dijo. “Tienen otras opciones donde pueden, si tienen diagnóstico dual, manejar sus medicamentos allí. Así que cuando eligen venir aquí, están eligiendo venir aquí”.

Pero incluso los estudiantes actuales que la dirección de la academia pidió que hablaran con los reporteros coincidieron en que es común que los residentes dejen la medicación para poder unirse al programa e incluso lo hablen con el personal.

“Hay tantas personas que han estado con esos medicamentos pero sienten que pueden hacer la academia sin ellos, así que ¿por qué no intentarlo también?”, dijo Trisha Garner, estudiante de cuarto año, durante la entrevista, mientras algunos de los otros cinco estudiantes asentían en señal de acuerdo.

“No le desearía esto ni a mi peor enemigo”.
Michael Christian, exestudiante de The Other Side Academy

Escobar, quien ha estado en el programa durante 27 meses, dijo que había tomado medicamentos para la ansiedad.

“Fui honesto con ellos en mi proceso de entrevista, y me preguntaron si estaba dispuesto a dejar de tomarlos”, dijo. “Les dije: ‘Oigan, ya llevaba un tiempo sin tomarlos, estoy dispuesto a intentarlo si me aceptan’. Así que no es que si tomas algún medicamento no te vayan a aceptar. Es más bien, ¿estás dispuesto a intentar algo diferente?”.

Pero para Hare-Diggs, los efectos negativos de dejar sus medicamentos de golpe han sido duraderos.

“Hubo muchos días en los que pensaba: ‘esto es horrible’. Estaba bastante suicida mientras estaba allí”, dijo. “Creo que esa experiencia me afectó la cabeza durante como un año después, y desde entonces he ido a terapia dos veces por semana prácticamente”.

Reglas estrictas  

Nada de hablar con el sexo opuesto. No hablar de tu pasado ni de tu familia. Levantarte a tiempo. Afeitarte. Hacer la cama. Sin acceso a un teléfono.

La academia funciona con reglas estrictas que, según su dirección, “mantienen la casa segura” y ayudan a los estudiantes a aprender a ser autosuficientes. A medida que avanzan en el programa, obtienen más libertades.

“Es similar a lo que harías con un adolescente. No le vas a dar las llaves del auto a un niño de 12 años. Tiene que ganárselo. Tienes que saber: ¿es confiable? Y poco a poco, reciben cada vez más”, dijo Tim Stay, director ejecutivo de The Other Side Foundation. “Vamos a tener reglas más estrictas al principio y más autonomía hacia el final”.

Sin embargo, para Christian y Hare-Diggs, esas reglas a menudo se sentían punitivas y difíciles de seguir.

“En realidad casi no hablaba, porque no sabía qué iba a decir que me metería en problemas”, dijo Hare-Diggs. “No puedo hablar de, por ejemplo, si algo no me gusta. No puedo hablar de si algo me duele en el cuerpo. No puedo decir si no me encanta el programa”.

Jepson, uno de los estudiantes actuales, dijo que esa intensidad y las reglas estrictas son necesarias.

“Me encanta lo intenso que es esto”, dijo Jepson. “Conozco a manipuladores como yo, y todos somos tan parecidos, que esta es la solución. Esto es lo que necesitamos: responsabilidad”.

Estudiantes actuales del programa se describieron a sí mismos como “maestros manipuladores” y “egoístas”, términos que también repitió Durocher, quien se describió como un ex “adicto severo a las drogas” durante 27 años.

“Me había convertido en un mentiroso, un tramposo, un ladrón y un manipulador. Eso es en lo que me convertí como adulto”, dijo Durocher. “Cuando llegué a Delancey Street, por fin hubo personas que me miraron y me quisieron lo suficiente como para decirme la verdad. Me miraron a los ojos y me dijeron en qué me había convertido y también dijeron: ‘Ahora vamos a enseñarte cómo convertirte en alguien diferente’”.

“Antes de que alguien que se fue venga a contarte algo sobre la academia, tienes que entender: no está aquí. No eligió hacer algo diferente. No eligió hacer las cosas difíciles”.
Jesse Demayo, estudiante actual de The Other Side Academy

Se anima a los estudiantes a corregirse entre sí cuando rompen las reglas, y demasiadas correcciones conllevan disciplina. A menudo eso significa perder tiempo libre o hacer horas extra de trabajo. Christian dijo que el personal le indicó que no hablara de que es gay, y finalmente fue corregido por hablar de su familia. Dijo que su castigo fue fregar la pared de un baño durante seis horas.

“No puedes hablar con nadie, no puedes mirar a nadie, solo tienes que limpiar”, dijo. “Y recuerdo estar sentado ahí, llorando, como que solo quería llamar a mi mamá, ¿sabes? Siento que no es propio de adultos, pero fue muy traumatizante para mí”.

Stay enfatizó que la academia no tiene absolutamente ningún sesgo hacia la orientación sexual. Pero las limitaciones sobre de qué pueden hablar los estudiantes, dijo, ayudan a que tengan éxito.

“Hemos visto que es importante decir: ‘Esta es una nueva oportunidad para ti’. Así que les pedimos que no hablen de su pasado, porque a menudo las personas con adicción construyen su reputación, su identidad, diciendo: ‘Mira todas las cosas terribles que hice, y eso es lo que soy’”, dijo Stay. “Se trata más de decir: ‘Esta es tu oportunidad de ser una persona nueva’”.

Para Hare-Diggs, sin embargo, se sentía como si “les quitaran todas las cosas que yo sabía que eran yo”, dijo. “Me tomó mucho tiempo volver a reconocer las cosas que realmente valoraba y las que eran importantes”.

Es esa reinvención de los estudiantes lo que preocupa a Josh Kreeck, exgerente de servicios de apoyo de The Road Home. Cuando los estudiantes ingresan a la academia, se sientan en un banco de madera, a veces durante horas, como una prueba de su disposición y voluntad de comprometerse con el programa.

Kreeck, sin embargo, teme que el banco también sea una herramienta para quebrar a los estudiantes y que el programa no siempre los reconstruya para que sean autosuficientes.

“No están reconstruyendo la personalidad de alguien después ni ayudándole a autorrealizarse; eso es lo que realmente haría la terapia, ¿verdad? Lo que en realidad están haciendo es ayudarles a conformarse a su programa”.

Eso se vuelve especialmente riesgoso cuando el trabajo, la vivienda y la comunidad de una persona están entrelazados y salir resulta difícil, añadió Kreeck.

Dave Durocher, CEO of The Other Side Academy
Courtesy The Other Side Academy
Dave Durocher, director ejecutivo de The Other Side Academy

Un portavoz de la academia dijo que el 45% de los estudiantes pide quedarse un tercer año o más después de graduarse del programa de 30 meses.

“¿Qué te dice eso?”, dijo el director ejecutivo Dave Durocher. “¿Por qué están pidiendo quedarse más tiempo? Porque ahora saben: ‘Caray, necesito más tiempo’, y no hay una cantidad de dinero que diga que tienes que irte. Pueden quedarse hasta que estén listos. ¿No es eso lo importante? Que cuando se gradúen, estén preparados para reintegrarse a la comunidad como miembros productivos”.

La fuerte lealtad hacia la academia se hace evidente cuando las personas se van, la critican o la cuestionan.

Los estudiantes actuales se refirieron a quienes han dejado el programa como “splittees” en la entrevista (quienes se marchan antes de completa el programa) y fueron firmes en que quienes hablan negativamente del programa simplemente no estaban listos para aceptarlo.

“Se reduce a que no están listos para cambiar”, dijo Jesse Demayo, estudiante de tercer año. “Antes de que alguien que se fue venga a contarte algo sobre la academia, tienes que entender: no está aquí. No eligió hacer algo diferente. No eligió hacer las cosas difíciles”.

Christian, sin embargo, dijo que le va mucho mejor desde que dejó el programa.

“Estoy sobrio desde hace ocho meses”, dijo. “Sigo un programa. Acabo de comprar un auto. Esta semana me mudo a mi propio lugar—todas las cosas que dijeron que no podía hacer, las estoy haciendo”.

“Me tomó mucho tiempo volver a reconocer las cosas que realmente valoraba y las que eran importantes”.
Anna Hare-Diggs, exestudiante de The Other Side Academy

Una cuestión de elección

Durante la entrevista del Utah Investigative Journalism Project con estudiantes actuales, uno se giró hacia el hombre a su lado y le hizo una pregunta: “Tengo heroína aquí mismo. ¿Quieres un poco?”.

Cuando el hombre se negó, se volvió hacia los reporteros para concluir su punto: “¿Tiene una enfermedad o tiene una elección?”.

Reflejaba, casi palabra por palabra, una interacción aparte entre Durocher y el proyecto.

“Sea o no, en última instancia es tu responsabilidad”, dijo Durocher después de hacer una oferta simulada de heroína a un reportero en respuesta a una pregunta sobre si consideraba la adicción una elección. “Hay factores que contribuyen a por qué las personas deciden consumir y qué las lleva a ese punto. Hay factores que influyen, pero aun así, como adultos, ¿verdad? Tarde o temprano, tenemos que decidir”.

Howell no está de acuerdo con caracterizar la adicción como una elección. Dijo que, aunque normalmente hay una decisión en el primer contacto de una persona con las drogas o el alcohol, eso eventualmente cambia.

“Llega un punto en que las personas desarrollan una adicción en la que realmente ya no tienen esa elección porque su cerebro ha cambiado lo suficiente como para no ser el mismo que cuando empezaron”, dijo. “No es tan simple como decidir que van a hacer algo, levantarse por sí mismas y ya queda resuelto”.

La cuestión de la elección y la responsabilidad personal está integrada en todo lo que hace la academia, para bien o para mal. Esa mezcla con la moralidad preocupa a algunos.

Done cree que hay un lugar para programas como el de la academia, pero le gustaría que todas las personas fueran evaluadas clínicamente antes de ingresar a un programa específico de tratamiento. Dijo que ver la adicción como una falla moral hace más fácil culpar al individuo cuando no tiene éxito en un programa.

“Es mucho más fácil trasladar la responsabilidad de esa manera y decir: ‘Bueno, es que no estaban listos, o en realidad no lo querían’, cuando quizá simplemente no teníamos el sistema de apoyo adecuado para ellos”, dijo Done. “De verdad no creo que haya personas resistentes al tratamiento. Creo que hay programas que son resistentes a las personas”.

Este reportaje ha sido traducido por inteligencia artificial y editado por Edgar Zúñiga, de Avanza 88.3, la primera emisora de radio pública bilingüe de Utah.